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sábado, 1 de mayo de 2010

Cumbia villera, o el ritmo alegre con el que bailamos cosas tristes

César Logares






El resultado es que hoy tenemos una estética casi oficial, que supone a los pobres siempre tristes, comiendo de la basura y llorando sus penas. Esa estética es la hermana culposa de los que piensan que los bordes sólo se pueden mostrar en las páginas policiales. Allí donde el gorila cree que los habitantes de los márgenes sólo sirven para matar y morir, la estética culposa opina sólo que sirven para dar lástima y llorar. Nuestra cumbia no es caridad. Es baile y pelea, carajo.

Intentar comprender el fenómeno cultural de la denominada cumbia villera no puede escindirse en principio del análisis de las condiciones histórico-sociales que propiciaron su aparición. Nos referimos al proceso de aceleración y profundización de cambios estructurales que se había iniciado durante la ultima dictadura militar(1976) que transita por los gobiernos democráticos de Alfonsín, Menem y De la Rúa bajo el signo neoliberal y posee como propósito la remodelación radical del proyecto societal planteado por el Estado de Bienestar. Las políticas económicas de estas administraciones, a la vez que promovieron la modificación del modelo de acumulación mediante el apoyo estatal hacia los sectores productivos oligopólicos diversificados y trasnacionales, profundizaron el achicamiento del Estado (privatización total o parcial de empresas), lo que implicó su creciente subordinación al proceso de acumulación dominante(1).
Los principales afectados de este modelo son los sectores medios y bajos, jaqueados por los cada vez más elevados índices de desocupación y subocupación, y la drástica reducción del presupuesto para educación y salud. Este crecimiento exponencial de la pobreza coincide con procesos de 'desinstitucionalización' masiva de capas enteras de la población, como para generar una situación cualitativamente diferente” a otros momentos históricos(2). El debilitamiento de las economías regionales generó un importante éxodo de estos sectores desplazados desde el interior del país y algunos países vecinos (Bolivia, Paraguay, Perú) hacia los centros urbanos, especialmente la Capital Federal y Gran Buenos Aires en búsqueda de fuentes laborales. Esto se plasmó en la multiplicación y el crecimiento de las llamadas “villas miseria”. La crisis del año 2001, en términos macroeconómicos, culmina con una brutal devaluación y transferencia de recursos hacia los grupos económicos concentrados. Ella devela la devastación social provocada por el proyecto económico neoliberal.

En este proceso se observa que la red clientelar (de los partidos y sindicatos) se halla fragilizada y que su funcionamiento se ha tornado deficiente para otorgar respuesta social a esta crisis. No sólo se desarticuló el poder de los sindicatos y partidos mayoritarios, si no que los procesos hiperinflacionarios y de la convertibilidad modificaron el vínculo de obediencia política, a través del miedo y de la inseguridad existencial. El historiador Lewkowicz sostiene que este proceso se da en el marco del agotamiento del Estado-Nación: la potencia soberana del Estado fue sustituida por la potencia soberana del mercado. El Estado Nación, forma clave de la organización social durante los siglos XIX y XX, se muestra impotente para orientar el devenir de la vida de las personas. Ya no se trata de ciudadanos sino de consumidores (3).

Paulatinamente, los sectores populares comienzan a sufrir también la crisis de sus identidades socioculturales comenzando a elaborar una subjetividad sujeta al asedio de la inestabilidad y la inseguridad, ya que como dijimos mas arriba, no se asistía únicamente a la disolución del lazo constituido con base en la relación laboral, si no también de toda esa trama estatal, religiosa, sindical y clientelar que proveían referencias sociales y ámbitos de resolución de necesidades. Duschatsky y Corea utilizan el concepto de expulsión social para explicar la condición en la cual los pobres carecen de lazos sociales inclusivos, es decir, el sujeto es privado de realizar formas múltiples de vida, es un “desaparecido” de los escenarios públicos y de intercambio, transita por una sociedad que parece no esperar nada de él. Es interesante señalar que la condición de expulsado, es constitutiva del nuevo orden social según las autoras. Los indicadores de esta condición pueden advertirse fácilmente: falta de trabajo, estrategias de supervivencia que rozan con la ilegalidad (4), violencia, falta de escolarización o escolaridad precarizada, ausencia de resortes de protección social, disolución de los vínculos familiares, drogadicción, etc. Sin embargo, es más importante rastrear en los sujetos las prácticas de subjetividad , es decir las operaciones que pone en juego el sujeto en situación de expulsión.

Es precisamente desde esa situación de expulsión (material y simbólica) donde los sectores populares están construyendo subjetividades que les permiten ubicarse en un determinado lugar del espacio social, adoptando identidades y devociones (5). En esa línea, seguiremos a Rodríguez (6) (2003) cuando califica de corte generacional a la experiencia de la cumbia villera porque los jóvenes que hoy la siguen, representan esa generación de la nuda vida al decir de Duschatzky, (7) que no tiene perspectivas, y por ello mismo configura la pesadilla de las clases medias, porque si no hay futuro, no hay delito. Contra estos procesos de exclusión e invisibilización, las prácticas de subjetividad de los jóvenes forjan identidades (8) de signo inverso por que, como señala Foucault:
“...a todo poder se oponen otros poderes en sentido contrario...” (9)

Así, se puede ver esta capacidad para transformar el estigma en emblema, en la inversión, simultáneamente lúdica y dramática, de los valores socialmente dominantes convirtiéndolos en elementos de identificación: de allí que por ej. el robo y el consumo de drogas aparezcan en este contexto como fuerzas contraculturales:


Y nosotros puro ritmo,
vino tinto y sustancia.
“La marca de la gorra” - Mala fama

“Yo quiero tomar vitamina
me compro una bolsa
y estoy pila - pila
no puedo caminar
de tanto jalar” “Quiero vitamina” - Damas gratis

“que si pinta la chala
está todo bien.” “La cumbia de la chala” - Kalu

“Yo tengo una flor,
la tengo que cuidar,
cuando sea grande
me la voy a fumar
aunque sea ilegal
para mí es medicinal.” “Mi flor” –
Damas gratis

La cumbia villera hace hincapié en la villa como antes las coplas lo hacían con el rancho, o el tango con el conventillo o el arrabal. Hay una tensión entre la sensualidad que propone el ritmo de la cumbia y el dramatismo que narra. La cumbia se ríe para no llorar, pero esa risa, que es pasión, relata las dramáticas vidas de los sectores populares, los anonimatos y la fugacidad de las existencias (10). En ella podemos “leer” los modos en que es vivido el drama social de la expulsión. Como bien señala Reguillo, las músicas no son reflejo automático de la realidad aunque bien pueden pensarse como testimonios de la experiencia social. En el marco de la mediatización y de la invisibilidad de los sujetos expulsados, ¿porqué no pensar el territorio de la música como una forma de conferir visibilidad al sujeto “ausente” de la globalización?

Si el neoliberalismo es una narración estética de un consumismo desenfrenado y de una fractura social significativa que prometía solucionarse mediante el derrame económico, la cumbia villera es su revés de trama, su relato a contrapelo. Una narración, contradictoria, a veces vacilante y otras veces brutal, de la devastación provocada por las políticas neoliberales.


1) Di Leo, Pablo, “El culto a Gilda: religiosidad, arte e instituciones populares”.

2) Según Palomino, “el cambio de la estructura del empleo es de tal magnitud como para indicar una nueva época histórica, que no es ajena a los cambios en la estructura económica y en las regulaciones jurídicas y sociales de la inserción laboral”.CFR. Palomino, Héctor (2003), Pobreza y desempleo en la Argentina. Problemática de una nueva configuración social, Buenos Aires: Facultad de Ciencias Económicas (UBA).

3). De esta forma el mercado se dirige a un sujeto que sólo tiene derechos de consumidor y no los derechos y obligaciones conferidos al ciudadano. El consumo, entonces, no requiere la ley ni los otros, dado que es en la relación con el objeto y no con el sujeto donde se asienta la ilusión de satisfacción. A partir de allí el mercado instituye, para consumidores y no consumidores, un nuevo ideal del Yo, un imaginario que produce, en un nuevo lugar, el horizonte de aspiraciones, el espejo donde mirarse. Cfr. Duschatsky, Sivia y Corea Cristina: Chicos en Banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones, Paidós, Bs.As.2004. En la misma línea, Néstor García Canclini, recuerda que siempre el ejercicio de la ciudadanía estuvo asociado a la capacidad de apropiarse de los bienes y a los modos de usarlos, pero se suponía que esas diferencias estaban niveladas por la igualdad en derechos abstractos que se concretaban al votar, al sentirse representado por un partido político o un sindicato. Junto con la descomposición de la política y el descreimiento en sus instituciones, otros modos de participación ganan fuerza. Hombres y mujeres perciben que muchas de las preguntas propias de los ciudadanos -a dónde pertenezco y qué derechos me da, cómo puedo informarme, quién representa mis intereses- se contestan más en el consumo privado de bienes y de medios masivos que en las reglas abstractas de la democracia o en la participación colectiva en espacios públicos. Véase García Canclini, Néstor, Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización., México, Grijalbo, 1995

4) Véase Kessler, Gabriel, Sociología del delito amateur, Paidos, Bs.As.2004

5) San La Muerte es vitalmente otra de las formas que ha asumido en el noreste argentino el complejo proceso de construcción de identidad de los sujetos, que los liga al mismo tiempo con sus antepasados, con prácticas de las que tienen memoria-en muchos casos-desde los más tempranos años de su niñez y, a su vez, los liga a la actualidad más inmediata, a la cotidianidad del sufrimiento, a la alegría de una fiesta compartida. Cfr. Carassai Sebastián: “San La Muerte, el santo non santo: pertenecer tiene sus privilegios” en Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, coord.. Rubén Dri, Bs.As., Biblos, 2005

6) Rodríguez, Esteban: “Cumbia villera: ocho apuestas sobre la Argentina que re-siente” en Estética Cruda

7) Cfr. Duschatsky, Sivia y Corea Cristina Op.Cit.pag.18

8) La identidad villera posee por Un lado: a) un acervo de palabras comunes e identificatorias que componen una comunidad de sentido para los grupos juveniles, y, por otro, b) un conjunto y un lenguaje de ritos fetichistas que intentan suturar la devastación social y resignificar su presencia en el mundo social.

9) Foucault (1979) citado en Reguillo Cruz, Rossana: Emergencia de culturas juveniles, estrategias del desencanto. Norma, Bogotá, 2000.
10) Nace en la zona norte del Gran Buenos Aires donde la crisis de apropiaciones de la riqueza social compuso una frontera muy profunda entre los ricos y los pobres . En dicha región persiste con obscenidad la distribución más desigual de la riqueza de la provincia de Buenos Aires.

Bibliografía
Alarcón, Cristian: Cuando me muera quiero que me toquen cumbia. Vidas de pibes chorros. Buenos Aires: Norma, 2003.
Carassai Sebatian: “San La Muerte, el santo non santo: pertenecer tiene sus privilegios” en Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, coord.. Rubén Dri, Bs.As., Biblos, 2005
Comité Federal de Radiodifusión: Pautas de evaluación para los contenidos de la cumbia villera. Buenos Aires: COMFER 2001.
De Gori Esteban,(2005) Notas Sociológicas sobre la Cumbia Villera. Lectura del Drama Social Urbano. Conicet, Convergencia, núm. 38, mayo-agosto, UAEM, México Revista Argentina de Sociología, edición especial, Argentina.
Di Leo, Pablo, “El culto a Gilda: religiosidad, arte e instituciones populares”.
Duschatsky, Sivia y Corea Cristina: Chicos en Banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones, Paidos, Bs.As.2004
Elbaum, Jorge Norberto: “Los bailanteros. La fiesta urbana de la cultura popular” en La Cultura de la noche. La vida nocturna de los jóvenes en Bs.As. comp. Mario Margulis. Bs. As. Biblos, 2005.
García Canclini, Néstor, Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización., México, Grijalbo, 1995
Gobello, José y Marcelo H. Oliveri: Tangueces y lunfardismos de la cumbia villera Bs. As.: Corregidor, 2002.
Kessler, Gabriel, Sociología del delito amateur, Paidos, Bs.As.2004)
Lassig, Adriana: Análisis social de la cumbia villera y su poder de persuasión. Publicado en http://rrppnet.com.ar
Lewin, Hugo D.: “Siga el baile: el fenómeno social de la bailanta” en La Cultura de la noche. La vida nocturna de los jóvenes en Bs.As. comp. Mario Margulis. Bs. As. Biblos, 2005.
Llobril, Gabriela y Ormaechea, Maria Fernanda: “Del Tango a la Cumbia Villera. La Historia en Círculo”. Actas del Cuarto Congreso RedCom Cordoba 2002.
Palomino, Héctor (2003), Pobreza y desempleo en la Argentina. Problemática de una nueva configuración social, Buenos Aires: Facultad de Ciencias Económicas (UBA).
Puente, Fernando:“Cumbiavillera”,en http: //www.laopiniondelagente.com.ar
Reguillo Cruz, Rossana: Emergencia de culturas juveniles, estrategias del desencanto. Norma, Bogotá, 2000
Rodríguez, Esteban(2005): “Cumbia villera: ocho apuestas sobre la Argentina que re-siente” en Estética Cruda.

1 comentario:

Anónimo dijo...

e!!!!! no borren los mensajes....logares sos un negro disfrasado de intelectual