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lunes, 22 de agosto de 2011

Esto no es un pañuelo

La Construcción de la Ciudadanía en la cultura visual
Carlos A. Tolosa
carlos_tolosa@hotmail.com




“Esto no es un pañuelo” bien puede ser el título de este artículo como también podría haber sido parte del dibujo, tal como lo propone Magritte en su obra “Esto no es una pipa”, o epígrafe de una o más fotos. Pero prefiero dejarlo como título porque no sólo cito a este “no pañuelo” sino que también voy a referirme a otros tantos que, con diversas formas y enfoques, desafían la idea de pensar un objeto, que en tanto símbolo, remite a una historia que se manifiesta e interviene en el presente y a la vez tiene el poder y la generosidad de pensar en el futuro.
Afirmar que no es un pañuelo es, también, una invitación a la participación intelectual de quien lo aborda con la mirada. Se trata de que quien mira concluye la idea de lo visto desde su subjetividad, de proponer la participación y acicatear al conocimiento para establecer nuevas relaciones posibles entre el modo en que se presenta la imagen, el objeto representado y lo que se sabe del mismo.
En realidad no es lo que parece desde su origen. El primer elemento con el que las Madres cubren su cabeza fue un pañal y lo hacen para poder distinguirse y encontrarse en una peregrinación en Luján, el 1 de octubre de 1977. Por lo tanto se podría decir que es un pañal, pero a los fines de la afirmación, tampoco lo es.
De lo que no puede dudarse es que se trata de una imagen, además inscripta en un lugar social determinado. De una imagen que se ofrece a la mirada y por lo tanto hay miradas que se detienen en ella. Luego, podemos decir que se trata de una imagen potente, poderosa, desafiante, emotiva. Que remite a la historia y al presente. Pero esto depende de la información y posicionamiento que tenga quien mira, pues será el que mira quien carga de contenido y orientación a lo mirado.
Esto nos remite al abordaje de dos cuestiones, por lo menos, y en las que creo, sería interesante detenerse y revisar. Se trata de: lo que se da ver y de la mirada del espectador.
Ambas acciones tienen un punto de análisis común y es la mirada. La mirada que imprime el creador o quien captura la imagen y la mirada del espectador. El que propone la imagen la construye desde su mirada del mundo. Por ello la imagen que se expone tiene una mirada previa, la del autor. El fotógrafo, el pintor, el camarógrafo, proponen. Es lo que captaron, lo que compusieron, su mensaje. Según donde se ubiquen, en relación a lo que quieren mostrar, (atrás, adelante, a los costados) logran composiciones diferentes, según luces, sombras y objetos circundantes. Una imagen, aún aislada, es la suma de un conjunto de imágenes. Dice John Berger “lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas” y ese modo de ver se imprime en lo que se muestra, en la producción icónica. Por eso se puede separar una imagen y mostrarla aislada, porque se decide su “soledad” a partir de lo que sé que existe y por lo tanto decido no “contaminarla” con otras imágenes posibles, ya que no se encuadran en el mensaje que se quiere transmitir. Se tiene conciencia de lo existente y se decide que el resto intervenga o no.



La construcción social del símbolo
Una imagen presenta algo que no está. Representa lo ausente. Pero una imagen, a la vez, va tomando vida propia. Por un lado es la ausencia del objeto presentada por quien interpreta ese objeto, no es el objeto en sí, sino la evocación del mismo desde la mirada de quien lo propone, cómo lo vio y cómo decide manifestarlo, componerlo y exponerlo. Desde ahí la imagen va tomando “vida propia”. Una vida que emerge del objeto a representar, de la interpretación del mismo por parte del autor, de la interpretación del que mira. Entonces ¿cuál es la verdadera imagen? ¿Cuál es la verdad de lo que se mira? En una foto, en una pintura ¿se puede buscar la verdad? ¿de qué se habla cuando se piensa de la verdad en el mundo de las imágenes? ¿la verdad transmitida con una imagen está en lo que se muestra o en lo que no se muestra?.
En principio la imagen no representa al objeto en su totalidad, es solo un plano de éste, además de lo ya dicho. Lo que Peirce denomina “fundamento” del representamen, refiriéndose a un aspecto o cualidad del objeto representado y a la falta de la totalidad del mismo. Con lo cual ninguna representación contiene la totalidad de la información o de la esencia del objeto representado. Pero a la vez, tiene vida propia. Adquiere inscripciones socio-culturales diversas, justamente porque el poder de la imagen reside en la propia imagen y en las representaciones sociales, lo que le otorga la facultad y el poder de la “independencia” de su creador, de su contexto primario.
Las preguntas anteriores tal vez se puedan pensar desde la construcción social que implica el significado del objeto como lo original o primario, el mensaje de la imagen que presenta el autor y finalmente el que contempla, mira, procesa, desde su percepción, emoción y saberes. El “no pañuelo” surge desde la historia misma de una sociedad reprimida, con toda la carga de subjetividad que ello implica. Pero tiene límites en el encuadre del saber popular y en lo ideológico. Este es el contexto que permite la definición o redefinición de la imagen. En consecuencia es el objeto el que surge como hecho social y político, como una necesidad de un grupo social, como un acto de rebeldía. Subversivo, pulsional, emotivo, desesperado, racional, irracional, estratega, pero esencialmente como un acto de amor.
Es así como se cubren la cabeza con un pañal, que destinado a contener la entrega más importante que un hijo da por primera vez a la mamá, que desprende desde sí, desde su interior, como una continuación de su propio cuerpo, una ofrenda, que una vez en el pañal la Madre higieniza, lava con sus manos, tiende al sol para blanquear. Las mismas manos que muchos años después, en Luján, lo doblan a la mitad en forma de triángulo, toman de sus extremos, lo levantan a la altura de la cabeza, lo bajan, la cubren con él como si fuera un “casco de amor” que contiene. Un objeto que pareciera estar destinado a la contención desde la propia historia del mismo. Bajan
el pañal en dirección al cuello, logrando que proteja y que apriete a modo de abrazo y a la vez como una suave caricia en las mejillas, y ahí se queda. Lo toman de sus vértices, lo acercan a sus cuellos, los cruzan y anudan en un de abrazo eterno, lleno de esperanzas, de temores, de firmeza. ¿Será un nudo o un abrazo? ¿tal vez un modo de tomar las manos de sus hijos, apretarlas y confirmarles que los siguen buscando? ¿es un modo de sentirlos presentes y vivos en su lucha? ¿será una forma de empuñar un arma cargada de amor dispuesta a ser descargada en un acto de pedido de justicia que recorrerá el mundo?. Ese pañal que contuvo y protegió, más de tres décadas después continúa cumpliendo con la misma función. Hoy, convertido en un símbolo, contiene, protege y a la vez perfora las miradas porque actúa como un espejo, es tan fuerte su presencia que se invierten las posiciones. Es el que mira, pregunta, reclama e invita a la reflexión.
Así surge este “no pañuelo”, gestado por la necesidad, la angustia, la desesperación, la impotencia, la bronca, el dolor, la esperanza, el amor a un hijo. Es la transición entre ser exclusivamente ama de casa o profesional a ser un símbolo de la resistencia a la última dictadura militar, tan importante para la historia de nuestro país que fueron gestoras fundamentales en la recuperación del sistema democrático. Las Madres de Plaza de Mayo son un símbolo de lucha, resistencia y amor incondicional a un hijo.
Este es el contexto en el que surge la representación de este símbolo. No surge de la nada. Hay una realidad que lo precede, que le da sentido, que lo afecta interiormente y lo atraviesa. Es así que las Madres son la resistencia misma. Nada las detiene. Ni los golpes, ni los perros, tampoco los gases lacrimógenos. Pese a todo la Plaza, los días jueves, a las 15:30 era y continúa siendo el lugar de reunión. Era la resistencia en las propias narices de la dictadura más sangrienta de nuestra historia.
Resistieron a la indiferencia y hasta el desprecio de sus familiares. También el secuestro de los mismos. En diciembre de 1977 el secuestro de las Madres Mary Ponce, Esther Balestrino de Careaga y de Azucena Villaflor, a partir de que Astiz se infiltró entre las Madres haciéndose pasar por hermano de un desaparecido. Les resultó muy difícil sostener el mismo nivel de participación, pero siguieron adelante.
También resistieron al Mundial de Fútbol en 1978. La indiferencia del pueblo. La campaña en contra de periodistas deportivos. Lo que para muchísimos era una alegría, para ellas fue más secuestros y más represión. El jueves 1 de junio se hace la inauguración del Mundial, las Madres marchaban en la plaza y ese día estaba llena de periodistas extranjeros, tanta fue la repercusión que Holanda transmite la marcha de las Madres y no la apertura del Mundial.
Con las mejores respuestas. Con expresiones sencillas y claras cuando la policía indagaba preguntando insistentemente por quiénes, refiriéndose a grupos políticos, las conducían. Juanita respondió: “yo sólo le digo a usted una cosa. Si hoy desaparece usted, su madre, escúcheme bien, mañana camina conmigo del brazo, usted no dude de eso, su madre va a caminar conmigo, a todos lados donde yo voy, va a ir ella y donde vaya ella voy a ir yo. Iremos del brazo. ¿Por qué? Porque le falta el hijo”
Resistieron a la crueldad. Relata Hebe de Bonafini: “María Teresa llamó a Lidia y le contó que esa tarde le había llegado por correo una caja donde estaban las manos de su hijo… Inmediatamente nos reunimos. …había que pedirle al cementerio que exhumara el cadáver para colocar las manos en el cajón. Como era sábado, María Teresa tuvo las manos de su hijo en su casa durante el fin de semana.
Resisten a la brutal represión de 1979. Ya no podían ir a la Plaza. Hacían algunas apariciones para no perder el espacio. Se reorganizaron para encontrarse en distintas Iglesias y no perder la posibilidad de contactarse y organizar acciones de resistencia y denuncia. Para ello fundaron la Asociación Madres de Plaza de Mayo, el 22 de agosto de 1979.
También resisten, con pequeñas leyendas, a la acusación de antinacionales durante la Guerra de Malvinas. Continuaban yendo a la Plaza y la consigna era “Las Malvinas son Argentinas, los desaparecidos también”.
Con las Marchas de Resistencia. Consistían en quedarse 24 hs en la Plaza de Mayo. Todas con consignas diferentes. La primera fue en 1981. La consigna “Aparición con vida de los detenidos-desaparecidos”, luego de 25 Marchas, en enero del 2006 realizan la última, la consigna fue “1.500 jueves de Resistencia y Lucha contra el hambre que es un crimen”.
Resistieron al embate brutal en el período menemista. Además de la represión en las calles, un juicio de Menem a Hebe por sus dichos en un reportaje, muchas veces fue violada y destrozada la Casa de las Madres, robándose documentos de archivos que eran pruebas para los juicios, elementos fundamentales en lo afectivo respecto de la historia de las Madres, incluso un atentado. En el último saqueo dejaron un cable de alta tensión conectado al picaporte de la puerta. Además amenazas constantes, eran seguidas y vigiladas con absoluta impunidad.
También, en el 2001 es torturada la hija de Hebe de Bonafini. “…la encapucharon y la golpearon con una manopla y una cadena envuelta con una manguera; la quemaron con cigarrillos hasta que perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí le pusieron una bolsa de plástico en la cabeza… la reanimaron con agua, a los gritos.” Uno intentó violarla y su cómplice lo paró.
Sin las Madres, sin la lucha sostenida, sí estaríamos frente a un pañuelo. Por lo tanto es lo que no es o lo que no se puede pintar o fotografiar. Por eso es un símbolo, representa conceptos y procesos sociales. Es historia no un pañuelo. Es presente y futuro, no un pañuelo.



Miradas en la cultura visual
Entonces ¿qué vemos? ¿un pañal? ¿una madre? ¿resistencia? ¿dolor? ¿lucha? ¿esperanza? ¿un pañuelo? ¿hijos? ¿vida? ¿muerte? ¿pasado? ¿futuro?
El que mira, también lo hace con su carga de imágenes y saberes. Pero ¿qué se mira? ¿cómo se mira?. La mirada, es una construcción cultural y absolutamente subjetiva. Al respecto Carlos Skliar dice “Sabemos que hay miradas que ven borrosamente, que manchan y miradas asesinas, que matan… que impiden, que estorban, que prohíben, que niegan, que hielan… Por eso insisto tanto en las miradas que posibilitan, que acompañan, que ayudan, que donan un tiempo y un espacio al otro.”
Ese mirar también es necesario contextualizarlo. Vivimos inmersos en una cultura visual, donde podríamos decir que estamos “empujados” a ver, donde la imagen ocupa un lugar superlativo, sobre todo aquella que los medios de comunicación reproducen e imponen con incansables repeticiones, donde se tiende a la seducción de los espectadores a través del “espectáculo” que muchas veces va de lo obsceno al dolor, a la pobreza y la violencia. Es necesario poder revisar estas propuestas en función de acercarnos al análisis de la construcción de la ciudadanía en la cultura visual, donde pareciera que todo se puede mostrar, que todo se puede ver. Leonor Arfuch, habla acerca de “la responsabilidad de la mirada” en oposición a lo que llama una visibilidad generalizada en la que no hay límites entre lo íntimo, el horror de las guerras o catástrofes naturales. La responsabilidad de la mirada está relacionada al compromiso que se asume frente a lo mirado. No admite una mirada pasiva. Distante. Se involucra. Está relacionada con la reflexión y la toma de postura frente a lo visto. Dista mucho de la imagen-idea, producto de una construcción mediática, de la intimidad como consumo cultural. Se trata de posicionamientos frente a lo mirado, de un modo de ver que no es algo que deviene de la naturaleza y por lo tanto carece de neutralidad. Es una construcción socio-histórico-cultural. Según los modos de ver, Dalí y su obra, no hubieran resistido en el Renacimiento, aunque tampoco hubieran sido posible por las rupturas desde lo visual, además, por el estado de la ciencia considerando los conceptos que toma y en los que se inspira el movimiento surrealista. El estado del conocimiento, las formas de poder político, la historia, la industria cultural, las instituciones y el desarrollo de la tecnología absorben, reelaboran y son parte de esos procesos culturales. Van determinando lo “natural” de la mirada, que, justamente por estar naturalizada, es compleja de analizar, de re-visar.
Dudar de lo cotidiano de la mirada es la duda de “qué y cómo hay que mirar” es poner en dudas los regímenes escópicos, que son, como ya fue dicho, una construcción cultural y no algo natural. Esta duda implica salir de la escena, “saltar” del cuadro, como cuando se mira en una fotografía de hace 10 o 20 años. Se mira desde afuera y se ve, por ejemplo, una estética que ya no está vigente.
Hacer esta crítica en “tiempo real” de lo que se da a ver y se mira es intentar un quiebre con las “reglas” de lo que hay que mirar y con el cómo se mira en una cultura visual donde dos de sus rasgos son: “espíar” y “exhibir”. A la vez con profundas contradicciones, tal como las describe Ana Abramowsky “En definitiva, en un mundo que muestra demasiado, desocultar y sospechar se han convertido en prácticas hegemónicas. Pero paradójicamente, la descalificación y la desconfianza ante la cultura visual convive con la voluntad de ver cada vez más. Las imágenes son, por momentos, sobrevaloradas e idolatradas, y en otras ocasiones, infravaloradas y demonizadas… se culpa a la hipervisibilidad de saturar, anestesiar e insensibilizar, para luego afirmar que hace falta ver aún más imágenes para poder “despertar” de una suerte de letargo bañado de insensibilidad… En ocasiones se dice que las imágenes solo quieren distraernos, y en otras se afirma que serán las imágenes las que nos permitirán acercarnos a la realidad.”
Nuevamente aparece el planteo de la verdad, de la realidad de lo que se muestra, de lo que se ve como “la verdad”. Considerando que los modos de ver son una construcción social que están atravesados por la historia, los poderes políticos, la industria de las nuevas tecnologías, creencias y que no son universales; que las imágenes tienen poderes tales como el de persuasión, el de emocionar, de transformarse, de permanencia en el tiempo y tener vida propia, entre otros; tal vez podamos concluir, que las imágenes y las pantallas, que están omnipresentes en nuestra cotidianeidad, transmitiendo, reafirmando, construyendo realidades que obedecen, en cada momento histórico, a cada una de las culturas donde se manifiestan; son formadoras de conceptos e ideas de participación social, de convivencia, de exposición, de estética, de ética, de concepción de la justica y de la injusticia, de ciudadanía.
El “no pañuelo” del que hablamos es un símbolo, también, de “un dolor convertido en lucha”, tal como lo afirman las Madres. Una lucha que nace en forma individual, con cada una reclamando en comisarías, juzgados, iglesias, por sus hijos desaparecidos. Que luego se unen, porque ya se conocen de tanto recorrer los mismos lugares. Que más tarde deciden encontrarse en la Plaza de Mayo para pedirle al mismísimo presidente, Jorge Rafael Videla, la aparición con vida de sus hijos. Así un 30 de abril de 1977 deciden organizarse, con Azucena Villaflor como la Madre que marcó el camino. Una lucha que continúa en las iglesias, donde rezan en voz alta por la aparición de sus hijos, a modo de comunicarles a los demás lo que les estaba pasando. Dice Inés Vázquez “…ellas han podido nombrar lo innombrable y no sólo eso, sino también hacérselo nombrar a los demás: los desaparecidos ya no son una figura evanescente trazada en el aire por las manos asesinas del dictador Videla. Ellos y ellas son nuestros compañeros, pura energía de proyectos y organización popular…”
Que son obligadas a caminar, ya que se había decretado el estado de sitio y ahí, como una ironía del destino, nace la marcha alrededor de la pirámide. Recuerda, Hebe, que un policía les dijo: “Señoras tienen que circular, no pueden estar aquí… Entonces Azucena le dijo que estaba bien… Se tomó del brazo con otra Madre que estaba a su lado y dijo que íbamos a circular, de dos en dos, en fila, sin detenernos, sin reunirnos. Pero sin salir de la Plaza. Así nació la marcha en torno al monumento a Belgrano, primero, y, después, alrededor de la Pirámide” .
La lucha se daba con la ausencia de sindicatos y partidos políticos. Frente a la visita de Terence Todman , las Madres salieron a la calle. Agitaban un pañuelo y gritaban que tenían hijos desaparecidos. Videla mandó a negociar: si se retiraban él prometía recibirlas. No accedieron. Al momento se llenó de militares que las apuntaban con sus armas, ellas abrazadas a las columnas le hicieron frente “…Entonces ellos pidieron que apunten, y cuando dijeron “apunten” nosotras gritamos “fuego”. Y ese gritarles “fuego” hizo que todos los periodistas que estaban para verlo a él –a Terence Todman- vinieran a ver quiénes eran esas mujeres… esa acción sirvió para que saliéramos en muchos periódicos”
En su búsqueda, en su lucha, fueron ellas quienes descubrieron los centros clandestinos de detención, siempre con la esperanza de recuperarlos vivos.
La lucha continuó, también, en el gobierno de Alfonsín. Sus casas amanecían pintadas con leyendas como: terroristas, antidemocráticas, antinacionales, desestabilizadoras. Llegaron a hacer una toma de la Casa de Gobierno cuando Alfonsín las cita pero no las recibe, ya que se fue al Teatro Colón, era el día de Carlos Gardel. Al día siguiente dan asueto a todo el personal, dado que las Madres permanecían en el lugar. Pese a eso no las recibió. Se oponen, se organizan y marchan contra las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y contra el vergonzoso indulto del menemismo, con los que pretenden cerrar el cerco de impunidad. Frente a esto promovieron el Juicio Ètico y Político Popular a militares y sus cómplices civiles. Promovieron marchas donde fueron fuertemente reprimidas por el gobierno de Alfonsín y de Menem. Rechazaron la exhumación de los cadáveres, la reparación económica y los homenajes póstumos.
En 1985 la Marcha de las Manos. La consigna fue “dele una mano a los desaparecidos”, luego vinieron: la Marcha de los Pañuelos (ya comenzaba la lucha contra el Punto Final) la marcha de las siluetas, la marcha de las máscaras, entre otras.
Luego se sumaron a la lucha de gremios y estudiantes secundarios y universitarios. En 1996, en La Plata, con Eduardo Duhalde como gobernador, los estudiantes universitarios, en su protesta contra la reforma del estatuto universitario, son reprimidos y detenidos en el Cuerpo de Infantería de la Policía Bonaerense, que había sido un centro clandestino de detención. Al sumarse las Madres para pedir por la libertad de los estudiantes, Hebe, es herida gravemente en su cabeza, tiñendo de sangre su pañuelo.
Denuncian a Monseñor Pio Laghi en el Vaticano y ante la justicia de Roma. Los delitos que se le imputan, con numerosas pruebas, son: homicidio calificado, secuestro seguido de muerte, torturas y violaciones en carácter de partícipe necesario.
Se movilizan en todo el país contra la miseria y la impunidad. Así con muchas luchas a las que se sumaron en todo el país. En diciembre del 2001 son fuertemente reprimidas por el gobierno de De la Rúa, al igual que todos los que participaron en marchas y concentraciones en contra del desgobierno, represión y asesinatos que ocurrieron en las calles de Buenos Aires y Rosario.



Cultura visual y ciudadanía
“Nosotros, creemos que la vida vale sólo vida, le ponemos vida a la muerte y no es nada fácil ponerle vida a la muerte, pero se la ponemos porque le ganamos a la muerte, esa muerte que nos atravesó, esa que nos quiso destruir, esa que pensó que nos ganaba.”
La Organización surge de la búsqueda, de la denuncia sostenida, de sus hijos que fueron y son la razón de sus acciones y de las imágenes de éstos, que dieron vida a un Movimiento, a un símbolo, a las Madres. Las imágenes de sus hijos en pancartas improvisadas o en tamaño estándar de fotografías no son otra cosa que los hijos pariendo a sus Madres como luchadoras sociales. Las sacan de su cotidianeidad para transformarlas. Son Imágenes que dan vida y fundan “Madres de Plaza de Mayo” y originan el imaginario social acerca de quiénes son y qué rol social tuvieron y tienen ahora esas Madres, que a la vez están contenidas, primero en un pañal desde un “dolor convertido en lucha”, pero sobre todo en el futuro, porque ya no son solo la historia de sus hijos o de ellas mismas, ni del proceso social de reconquista de la democracia; son más que el presente con el pedido de justicia, juicio y castigo a los militares, son también sus “Sueños compartidos”. Son, esencialmente el futuro en la búsqueda de la justicia con una apuesta muy fuerte a la educación, a la promoción de la cultura.
¿Pero cómo pensarlo desde la cultura visual? En principio reconocer la diversidad en la definición del concepto. Desde una aproximación Fernando Hernández plantea que “La cultura visual no se refiere sólo a una serie de objetos, sino a un campo de estudio que ha ido emergiendo desde la confluencia de diferentes disciplinas, en particular desde la Sociología, la Semiótica, los Estudios culturales y la Historia de la cultural del arte,…” amplía diciendo que esto da lugar a diferentes perspectivas teóricas y metodológicas desde posiciones más políticas y otras académicas, también desde la influencia del posestructuralismo en la Historia del Arte, además como el estudio de los medios y otras como prácticas de la construcción de ciudadanía como resistencia frente a representaciones homogeneizadoras y hegemónicas.
En consecuencia son varias las perspectivas desde donde se la puede abordar. Claramente, como se describió hasta ahora, determina modos de ver y éstos, a la vez, formas de producción de lo visual y formas de visualizar esas producciones. Inés Dussel acerca una definición (parte de concepciones teóricas propuestas por “Mirzoeff, 1999; Schwartz y Przyblyski, 2004”): “…Así, la cultura visual no es simplemente un repertorio de imágenes sino un conjunto de discursos visuales que construyen posiciones, y que están inscriptos en prácticas sociales, estrechamente asociados a las instituciones que nos otorgan el “derecho de mirada” (entre ellas, la escuela, que organiza un campo de lo visible y lo invisible, de lo bello y de lo feo)”. Una definición que recorre las ideas de ética, estética, ideología, entre otras. Pero también hace mención a una “visibilidad controlada” con espacios de “invisibilidad” que se sostienen, que continúan siendo invisibles y desde ese lugar propone la idea de “cierta ilusión de transparencia” frente al desborde de la oferta visual.
Puede entenderse, desde esta óptica, que la cultura visual atraviesa la vida diaria, la refleja, pero no necesariamente, que las imágenes puedan verse “en directo” y “sin procesar”, significa que se está proyectando la realidad. En esta relación individuo-imagen transcurren los estudios de la cultura visual que intentan analizar la dimensión social y cultural de la mirada.
Hay programas de televisión que muestran “la verdad de lo que pasa en las calles”, entonces las cámaras toman las imágenes fotográficas y móviles donde, por ejemplo, los jóvenes son siempre violentos, vagos, adictos, delincuentes. ¿Es “verdad” lo que muestran? Sí, lo que filmaron es “verdad”, pero un recorte de la realidad. No su totalidad. Hay muchísimos jóvenes que en ese mismo momento están estudiando, divirtiéndose sin drogas, alcohol ni violencia, que están produciendo, siendo solidarios, militando y formándose políticamente, etc. Pero no sólo eso, volviendo al primer ejemplo, los jóvenes son conscientes de estar siendo filmados, son conscientes de que su imagen va a ser pública con lo cual, considerando que tienen “cinco minutos de fama” y como si estuvieran participando de un casting se esfuerzan por mostrar lo que piensan y lo hacen sobreactuando la violencia, las formas, el contenido del mensaje, buscando un posicionamiento social hacia el interior y el exterior de las “barras”. En las aulas de los profesorados, cuando se abordan estos temas, algunos alumnos narran las impresiones de sus hermanos y amigos de éstos “mi hermano se muere por salir en la tele, en esos programas”, claro que la preocupación de estos alumnos es que para eso deben tener una conducta de violentos, de adictos, etc., lo que les permitirá hacer esos relatos temerarios frente a miles o millones de espectadores. ¿Será entonces que en vez de proyectar la realidad son, los medios, creadores realidades sociales?, ¿promueven la gestación de identidades? Sí hay claramente un contenido ideológico que desde un lugar de poder se transmite, que contribuye al imaginario social acerca qué o cómo son los jóvenes pobres y a la vez los induce a posicionarse sobre sus ideales, sus derechos, su futuro, que pareciera, no solo negativo, además de estar escrito con tinta indeleble.
La idea de transmisión de “la vida en directo”, como un show también está presente en el programa “Gran hermano”. Que transmite “la vida real” de un grupo de jóvenes que establecen un estilo de comunicación, que tampoco es real, pero como se transmite en directo y “es la verdad de lo que está pasando”, es creíble y además crean y transmiten modos y estilos de comunicación que no son de la realidad, sino producto de la artificialidad de las condiciones en que está producido el programa. También entran en juego conceptos como el de justicia, democracia, la norma y su transgresión, la desnudez de las historias de vida en palabras e imágenes y el vapuleo de valores en general como el amor, la solidaridad, entre otros, exaltando la competencia, el todos contra todos, ya que el eje central es la eliminación. Al respecto dice Roxana Morduchowicz “…propone un valor contrario a todo lo que debe promover una sociedad democrática, inclusiva e integradora… Gran Hermano, entonces, también forma, en la medida en que ofrece modelos de vida y legitima maneras de actuar”.
Los medios masivos de comunicación desde “las verdades” que transmiten construyen ciudadanía. Morduchowicz lo define así: “Necesitamos una televisión de calidad porque constituye un medio fundamental para la socialización política de las nuevas generaciones… porque transmite normas y valores. Porque facilita el acceso a realidades distantes y desconocidas…” más adelante cita a Pérez Tornero (2007) donde afirma que “Contribuye a la formación de una ciudadanía democrática basada en los derechos humanos… Estimula la participación en la vida cívica y política del país… Promueve la riqueza y la diversidad de las culturas y creencias en sus diferentes expresiones…”
Las imágenes y las tramas de algunos programas de televisión, que tienen calidad, habilitan modos de participación, de intervención, de ejercer una ciudadana activa. El reconocimiento de sus derechos y la legitimidad de luchar por ellos se vio claramente en la telenovela “Montecristo”, emitida por el Canal 11 de Buenos Aires en el año 2007. Mientras ocurría la transmisión, fue un año en el que las Abuelas de Plaza de Mayo recibieron mayor cantidad de llamadas de jóvenes que dudaban de su identidad, que antes de la emisión del mismo. La participación ciudadana fue tan importante que a partir de imágenes que se veían de fondo, ya que parte de la trama se filmó en la casa de las Abuelas de Plaza de Mayo, se logró identificar un nieto que las mismas buscaban.
Por eso la importancia de la imagen propuesta al principio. Es generosidad y solidaridad. En La Plaza, en las primeras marchas, cuando la policía le pedía los documentos a una Madre, todas lo entregaban, en ese momento eran casi trescientas, eso hizo que ya no les sirviera como acto intimidatorio y por otra parte les permitía permanecer más tiempo en la Plaza, mientras se las identificaba y devolvían los documentos.
En 1979 viajaron a Estados Unidos, Italia y estuvieron en el Vaticano. Siempre llevando sus denuncias. Al regresar la represión fue terrible. Las llevaban presas todos los jueves. Decidieron que si llevaban presa a una iban todas. Pero los patrulleros no alcanzaban, así que iban solas y se presentaban en la comisaría y pedían ser detenida junto a sus compañeras. Eran tan perversos que las soltaban de a una durante la madrugada, su espíritu solidario era tan grande que se esperaban fuera, dando vueltas y arriesgando ser secuestradas. Recuerda Hebe que “ahí no había abogado que te defendiera, ahí no había nada; no había políticos, salíamos y solita nuestra alma”. Ejercían claramente la consigna “El otro soy yo”, mucho antes de que sea dicha.
El 8 de diciembre secuestran a Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, en la iglesia de Santa Cruz. Esther ya había recuperado a su hija de 16 años, la que habían liberado los militares. Las otras Madres le pedían que ya no se arriesgara, pero ella decidió seguir acompañando la lucha hasta la aparición de todos los buscados. Dos días después secuestran a Azucena Villaflor. Nuevamente las Madres se anticiparon, desde la acción, a las consignas. Esa vez fue: “todos son nuestros hijos”, una idea que ya ejercían.
Las Madres revalorizan la maternidad. Desde un proceso íntimo y personal construyeron la idea de ser las Madres de todos. Desde ese momento ya no marchan con la imagen de un hijo. Todos los desaparecidos son sus hijos. En enero de 2006 Hebe escribía “Aquel sueño mío de tener seis hijos se quedó en tres. Después de la tragedia empecé a sentir que mis entrañas eran ocupadas por muchos hijos y cuando digo que estoy embarazada para siempre, no es una locura, es simplemente sentir mi cuerpo habitado por ustedes”.
También es una apuesta al futuro, a la cultura. El 29 de abril de 1999 inauguran la librería, salón de actos y café literario “Osvaldo Bayer. La idea era clara: crear un espacio para la cultura, la política y los jóvenes y en el año 2000 Inauguran la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, cuyo eje es “amor por el saber y compromiso con el cambio social”.
Este símbolo representa a las Madres de Plaza de Mayo, su historia, su presente y la mirada puesta en el futuro. Es una imagen que incita a la construcción de ciudadanía, una ciudadanía activa. Es un ícono que moviliza e invita a ser un miembro activo y comprometido con una comunidad, es cuando uno puede descubrirse como persona autónoma y esto no es en abstracto, sino en la cotidianeidad y como miembro de una comunidad política, con la capacidad de analizar y comprender la realidad social para poder intervenir en ella y modificarla, porque eso es lo que hicieron y continúan haciendo las Madres.
Entonces, ahora sigamos pensando… ¿Es un pañuelo o no es un pañuelo?


BIBLIOGRAFIA DE REFERENCIA
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QUINTANA, Ángel. Fábulas de lo visible. El cine como creador de realidades”. Editorial Acantilado. Barcelona. 2003
SKLIAR, Carlos. “Educar la mirada” en Revista “Sin Puntero”. ISFD Nro 82, Bs. As. 2009
VÁZQUEZ, Inés. “Historias de las Madres de Plaza de Mayo”. Ediciones Madres de Plaza de Mayo. Buenos Aires. 2006
VÁZQUEZ, Inés “Luchar siempre. Marchas de la Resistencia”. Ediciones Madres de Plaza de Mayo. Buenos Aires, 2004
ZECHETTO, Victorino (coordinador). “Seis semiólogos en busca del lector” Editorial La Crujía. Buenos Aires, 2005

viernes, 9 de julio de 2010

La Muerte de la última sobreviviente de la masacre de Napalpí



Melitona Enrique (1901-2008), la última sobreviviente de la Masacre de Napalpí, donde fueron asesinados, en 1924, 200 abórígenes que se negaban a seguir trabajando en condiciones de esclavitud en la provincia del Chaco.

A partir de textos de Pedro Solans el cantautor Lucas Segovia compuso varias canciones. Inclui imágenes a estas canciones y ofrezco enlaces a modo de ejemplo para mostrar un modo de contar y crear, a partir del análisis de hechos históricos, presentaciones con imágenes que son producto de una investigación en distintos medios gráficos, digitales y aportes de Pedro Solans y Lucas Segovia. Finalmente hay una síntesis de la historia.


No me pidas




A los 107 años de edad, se apagó la vida de Melitona Enrique, la última sobreviviente de la Masacre de Napalpí, símbolo de la reivindicación social y cultural que los pueblos originarios reclaman desde hace siglos.
Este año fue homenajeada, en un acto que no logró sin embargo acallar las voces de los reclamos aborígenes. En esa oportunidad, el secretario general del Instituto del Aborigen Chaqueño (IDACH), Egidio García, dijo que la Masacre de Napalpí es aún “una herida abierta”. García destacó que “se deben cumplir los derechos emanados de nuestra Constitución ya que el 70 por ciento de los 60 mil aborígenes de las etnias toba, wichí y mocoví que habitan el territorio chaqueño viven en condiciones de extrema pobreza”.

La Masacre de Napalpí
El gobernador chaqueño, Fernando Centeno, ordenó: “Procedan con rigor para con los sublevados”. El 19 de julio de 1924, a la mañana, la policía rodeó la Reducción Aborigen de Napalpí, de población toba y mocoví, y durante 45 minutos no dejaron descansar los fusiles. No perdonaron a ancianos, mujeres ni niños. A todos mataron y, como trofeos de guerra, cortaron orejas, testículos y penes, que luego fueron exhibidos como muestra de patriotismo en la localidad cercana de Quitilipi. Los asesinados fueron más de 200 aborígenes que se negaban a seguir siendo explotados, que reclamaban una paga justa para cosechar el algodón de los grandes terratenientes. Para justificar la matanza la versión oficial esgrimió “sublevación indígena”. Era el mismo período de las masacres de obreros en la Patagonia, años en los que en el norte argentino solía hablarse de rebeliones indígenas para justificar el asesinato de pobladores originarios que resistían su inclusión definitiva a un mercado de trabajo que exprimía vidas a bajo precio.

“ El 12 de octubre de 1922, Marcelo T. de Alvear había reemplazado en la presidencia a Hipólito Yrigoyen y el Territorio Nacional del Chaco ya se perfilaba como el primer productor nacional de algodón. Pero en julio de 1924 los pobladores originarios toba y mocoví de la Reducción Aborigen de Napalpí a 120 kilómetros de Resistencia se declararon en huelga: denunciaban los maltratos, la explotación de los terratenientes. Los ingenios de Salta y Jujuy ofrecieron mejor paga. Hacía allá intentaron ir los pobladores, pero el gobernador Centeno prohibió a los indígenas abandonar el Chaco. El indio no podía trabajar su propia tierra, su única alternativa era seguir cosechando como esclavo, pero igual se resistía. El 18 de julio, y con la excusa de un supuesto malón indígena, Centeno dio la orden.

A la mañana del 19 de julio, 130 policías y algunos civiles partieron desde la localidad de Quitilipi hasta Napalpí. Después de 45 minutos de disparar los Winchester y Máuser a todo lo que se movía, hubo silencio y humareda de los fusiles. Los heridos -fueran hombres, mujeres o niños- fueron asesinados a machetazos. El periódico Heraldo del Norte recordó, a finales de la década del 20, el hecho: “Como a las nueve, y sin que los inocentes indígenas hicieran un sólo disparo, hicieron repetidas descargas cerradas y enseguida, en medio del pánico de los indios (más mujeres y niños que hombres), atacaron. Se produjo entonces la más cobarde y feroz carnicería, degollando a los heridos sin respetar sexo ni edad”.

Textos de Pedro Solans y Carlos Díaz indican que el total de víctimas fue de 423, entre indígenas y cosecheros de Corrientes, Santiago del Estero y Formosa. El 90 por ciento de los fusilados y empalados eran tobas y mocovíes. Algunos muertos fueron enterrados en fosas comunes, otros sólo quemados.
Se estima que lograron escapar 38 niños. La mitad fueron entregados como sirvientes en Quitilipi y Machagai, mientras el resto murió en el camino.
También se salvaron 15 adultos, entre ellos Melitona, una de las pocas mujeres que tuvo la fortuna de no ser violada.

El 29 de agosto –cuarenta días después de la matanza–, el ex director de la Reducción de Napalpí Enrique Lynch Arribálzaga escribió una carta que fue leída en el Congreso Nacional: “La matanza de indígenas por la policía del Chaco continúa en Napalpí y sus alrededores; parece que los criminales se hubieran propuesto eliminar a todos los que se hallaron presente en la carnicería del 19 de julio, para que no puedan servir de testigos si viene la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados”.

En el libro “Napalpí, la herida abierta”, el periodista Vidal Mario detalla: “El ataque terminó en una matanza, en la más horrenda masacre que recuerda la historia de las culturas indígenas en el presente siglo. Los atacantes sólo cesaron de disparar cuando advirtieron que en los toldos no quedaba un indio que no estuviera muerto o herido. Los heridos fueron degollados, algunos colgados. Entre hombres, mujeres y niños fueron muertos alrededor de doscientos aborígenes y algunos campesinos blancos que también se habían plegado al movimiento huelguista”.
Un reciente microprograma de la Red de Comunicación Indígena destaca: “Se dispararon más de 5000 tiros y la orgía de sangre incluyó la extracción de testículos, penes y orejas de los muertos, esos tristes trofeos fueron exhibidos en la comisaría de Quitilipi. Algunos muertos fueron enterrados en fosas comunes, otros fueron quemados”. En el mismo audio, el cacique toba Esteban Moreno, contó la historia que es transmitida de generación en generación. “En las tolderías aparecieron soldados y un avión que ametrallaba. Los mataron porque se negaban a cosechar. Nos dimos cuenta que fue una matanza porque sólo murieron aborígenes, tobas y mocovíes, no hay soldados heridos, no fue lucha, fue masacre, fue matanza, por eso ahora ese lugar se llama Colonia La Matanza”.

La Reducción de Napalpí -palabra toba que significa lugar de los muertos- había sido fundada en 1911, en el corazón del Territorio Nacional del Chaco. Las primeras familias que se instalaron eran de las etnias Pilagá, Abipón, Toba, Charrúa y Mocoví. El corresponsal del diario La Razón, Federico Gutiérrez, escribió en julio de 1924: “Muchas hectáreas de tierra flor están en poder los pobres indios, quitarles esas tierras es la ilusión que muchos desean en secreto”.
Fuente: http://www.taringa.net/posts/imagenes/129782/Masacre-de-Napalp%C3%AD_.html

sábado, 1 de mayo de 2010

Cumbia villera, o el ritmo alegre con el que bailamos cosas tristes

César Logares






El resultado es que hoy tenemos una estética casi oficial, que supone a los pobres siempre tristes, comiendo de la basura y llorando sus penas. Esa estética es la hermana culposa de los que piensan que los bordes sólo se pueden mostrar en las páginas policiales. Allí donde el gorila cree que los habitantes de los márgenes sólo sirven para matar y morir, la estética culposa opina sólo que sirven para dar lástima y llorar. Nuestra cumbia no es caridad. Es baile y pelea, carajo.

Intentar comprender el fenómeno cultural de la denominada cumbia villera no puede escindirse en principio del análisis de las condiciones histórico-sociales que propiciaron su aparición. Nos referimos al proceso de aceleración y profundización de cambios estructurales que se había iniciado durante la ultima dictadura militar(1976) que transita por los gobiernos democráticos de Alfonsín, Menem y De la Rúa bajo el signo neoliberal y posee como propósito la remodelación radical del proyecto societal planteado por el Estado de Bienestar. Las políticas económicas de estas administraciones, a la vez que promovieron la modificación del modelo de acumulación mediante el apoyo estatal hacia los sectores productivos oligopólicos diversificados y trasnacionales, profundizaron el achicamiento del Estado (privatización total o parcial de empresas), lo que implicó su creciente subordinación al proceso de acumulación dominante(1).
Los principales afectados de este modelo son los sectores medios y bajos, jaqueados por los cada vez más elevados índices de desocupación y subocupación, y la drástica reducción del presupuesto para educación y salud. Este crecimiento exponencial de la pobreza coincide con procesos de 'desinstitucionalización' masiva de capas enteras de la población, como para generar una situación cualitativamente diferente” a otros momentos históricos(2). El debilitamiento de las economías regionales generó un importante éxodo de estos sectores desplazados desde el interior del país y algunos países vecinos (Bolivia, Paraguay, Perú) hacia los centros urbanos, especialmente la Capital Federal y Gran Buenos Aires en búsqueda de fuentes laborales. Esto se plasmó en la multiplicación y el crecimiento de las llamadas “villas miseria”. La crisis del año 2001, en términos macroeconómicos, culmina con una brutal devaluación y transferencia de recursos hacia los grupos económicos concentrados. Ella devela la devastación social provocada por el proyecto económico neoliberal.

En este proceso se observa que la red clientelar (de los partidos y sindicatos) se halla fragilizada y que su funcionamiento se ha tornado deficiente para otorgar respuesta social a esta crisis. No sólo se desarticuló el poder de los sindicatos y partidos mayoritarios, si no que los procesos hiperinflacionarios y de la convertibilidad modificaron el vínculo de obediencia política, a través del miedo y de la inseguridad existencial. El historiador Lewkowicz sostiene que este proceso se da en el marco del agotamiento del Estado-Nación: la potencia soberana del Estado fue sustituida por la potencia soberana del mercado. El Estado Nación, forma clave de la organización social durante los siglos XIX y XX, se muestra impotente para orientar el devenir de la vida de las personas. Ya no se trata de ciudadanos sino de consumidores (3).

Paulatinamente, los sectores populares comienzan a sufrir también la crisis de sus identidades socioculturales comenzando a elaborar una subjetividad sujeta al asedio de la inestabilidad y la inseguridad, ya que como dijimos mas arriba, no se asistía únicamente a la disolución del lazo constituido con base en la relación laboral, si no también de toda esa trama estatal, religiosa, sindical y clientelar que proveían referencias sociales y ámbitos de resolución de necesidades. Duschatsky y Corea utilizan el concepto de expulsión social para explicar la condición en la cual los pobres carecen de lazos sociales inclusivos, es decir, el sujeto es privado de realizar formas múltiples de vida, es un “desaparecido” de los escenarios públicos y de intercambio, transita por una sociedad que parece no esperar nada de él. Es interesante señalar que la condición de expulsado, es constitutiva del nuevo orden social según las autoras. Los indicadores de esta condición pueden advertirse fácilmente: falta de trabajo, estrategias de supervivencia que rozan con la ilegalidad (4), violencia, falta de escolarización o escolaridad precarizada, ausencia de resortes de protección social, disolución de los vínculos familiares, drogadicción, etc. Sin embargo, es más importante rastrear en los sujetos las prácticas de subjetividad , es decir las operaciones que pone en juego el sujeto en situación de expulsión.

Es precisamente desde esa situación de expulsión (material y simbólica) donde los sectores populares están construyendo subjetividades que les permiten ubicarse en un determinado lugar del espacio social, adoptando identidades y devociones (5). En esa línea, seguiremos a Rodríguez (6) (2003) cuando califica de corte generacional a la experiencia de la cumbia villera porque los jóvenes que hoy la siguen, representan esa generación de la nuda vida al decir de Duschatzky, (7) que no tiene perspectivas, y por ello mismo configura la pesadilla de las clases medias, porque si no hay futuro, no hay delito. Contra estos procesos de exclusión e invisibilización, las prácticas de subjetividad de los jóvenes forjan identidades (8) de signo inverso por que, como señala Foucault:
“...a todo poder se oponen otros poderes en sentido contrario...” (9)

Así, se puede ver esta capacidad para transformar el estigma en emblema, en la inversión, simultáneamente lúdica y dramática, de los valores socialmente dominantes convirtiéndolos en elementos de identificación: de allí que por ej. el robo y el consumo de drogas aparezcan en este contexto como fuerzas contraculturales:


Y nosotros puro ritmo,
vino tinto y sustancia.
“La marca de la gorra” - Mala fama

“Yo quiero tomar vitamina
me compro una bolsa
y estoy pila - pila
no puedo caminar
de tanto jalar” “Quiero vitamina” - Damas gratis

“que si pinta la chala
está todo bien.” “La cumbia de la chala” - Kalu

“Yo tengo una flor,
la tengo que cuidar,
cuando sea grande
me la voy a fumar
aunque sea ilegal
para mí es medicinal.” “Mi flor” –
Damas gratis

La cumbia villera hace hincapié en la villa como antes las coplas lo hacían con el rancho, o el tango con el conventillo o el arrabal. Hay una tensión entre la sensualidad que propone el ritmo de la cumbia y el dramatismo que narra. La cumbia se ríe para no llorar, pero esa risa, que es pasión, relata las dramáticas vidas de los sectores populares, los anonimatos y la fugacidad de las existencias (10). En ella podemos “leer” los modos en que es vivido el drama social de la expulsión. Como bien señala Reguillo, las músicas no son reflejo automático de la realidad aunque bien pueden pensarse como testimonios de la experiencia social. En el marco de la mediatización y de la invisibilidad de los sujetos expulsados, ¿porqué no pensar el territorio de la música como una forma de conferir visibilidad al sujeto “ausente” de la globalización?

Si el neoliberalismo es una narración estética de un consumismo desenfrenado y de una fractura social significativa que prometía solucionarse mediante el derrame económico, la cumbia villera es su revés de trama, su relato a contrapelo. Una narración, contradictoria, a veces vacilante y otras veces brutal, de la devastación provocada por las políticas neoliberales.


1) Di Leo, Pablo, “El culto a Gilda: religiosidad, arte e instituciones populares”.

2) Según Palomino, “el cambio de la estructura del empleo es de tal magnitud como para indicar una nueva época histórica, que no es ajena a los cambios en la estructura económica y en las regulaciones jurídicas y sociales de la inserción laboral”.CFR. Palomino, Héctor (2003), Pobreza y desempleo en la Argentina. Problemática de una nueva configuración social, Buenos Aires: Facultad de Ciencias Económicas (UBA).

3). De esta forma el mercado se dirige a un sujeto que sólo tiene derechos de consumidor y no los derechos y obligaciones conferidos al ciudadano. El consumo, entonces, no requiere la ley ni los otros, dado que es en la relación con el objeto y no con el sujeto donde se asienta la ilusión de satisfacción. A partir de allí el mercado instituye, para consumidores y no consumidores, un nuevo ideal del Yo, un imaginario que produce, en un nuevo lugar, el horizonte de aspiraciones, el espejo donde mirarse. Cfr. Duschatsky, Sivia y Corea Cristina: Chicos en Banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones, Paidós, Bs.As.2004. En la misma línea, Néstor García Canclini, recuerda que siempre el ejercicio de la ciudadanía estuvo asociado a la capacidad de apropiarse de los bienes y a los modos de usarlos, pero se suponía que esas diferencias estaban niveladas por la igualdad en derechos abstractos que se concretaban al votar, al sentirse representado por un partido político o un sindicato. Junto con la descomposición de la política y el descreimiento en sus instituciones, otros modos de participación ganan fuerza. Hombres y mujeres perciben que muchas de las preguntas propias de los ciudadanos -a dónde pertenezco y qué derechos me da, cómo puedo informarme, quién representa mis intereses- se contestan más en el consumo privado de bienes y de medios masivos que en las reglas abstractas de la democracia o en la participación colectiva en espacios públicos. Véase García Canclini, Néstor, Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización., México, Grijalbo, 1995

4) Véase Kessler, Gabriel, Sociología del delito amateur, Paidos, Bs.As.2004

5) San La Muerte es vitalmente otra de las formas que ha asumido en el noreste argentino el complejo proceso de construcción de identidad de los sujetos, que los liga al mismo tiempo con sus antepasados, con prácticas de las que tienen memoria-en muchos casos-desde los más tempranos años de su niñez y, a su vez, los liga a la actualidad más inmediata, a la cotidianidad del sufrimiento, a la alegría de una fiesta compartida. Cfr. Carassai Sebastián: “San La Muerte, el santo non santo: pertenecer tiene sus privilegios” en Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, coord.. Rubén Dri, Bs.As., Biblos, 2005

6) Rodríguez, Esteban: “Cumbia villera: ocho apuestas sobre la Argentina que re-siente” en Estética Cruda

7) Cfr. Duschatsky, Sivia y Corea Cristina Op.Cit.pag.18

8) La identidad villera posee por Un lado: a) un acervo de palabras comunes e identificatorias que componen una comunidad de sentido para los grupos juveniles, y, por otro, b) un conjunto y un lenguaje de ritos fetichistas que intentan suturar la devastación social y resignificar su presencia en el mundo social.

9) Foucault (1979) citado en Reguillo Cruz, Rossana: Emergencia de culturas juveniles, estrategias del desencanto. Norma, Bogotá, 2000.
10) Nace en la zona norte del Gran Buenos Aires donde la crisis de apropiaciones de la riqueza social compuso una frontera muy profunda entre los ricos y los pobres . En dicha región persiste con obscenidad la distribución más desigual de la riqueza de la provincia de Buenos Aires.

Bibliografía
Alarcón, Cristian: Cuando me muera quiero que me toquen cumbia. Vidas de pibes chorros. Buenos Aires: Norma, 2003.
Carassai Sebatian: “San La Muerte, el santo non santo: pertenecer tiene sus privilegios” en Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, coord.. Rubén Dri, Bs.As., Biblos, 2005
Comité Federal de Radiodifusión: Pautas de evaluación para los contenidos de la cumbia villera. Buenos Aires: COMFER 2001.
De Gori Esteban,(2005) Notas Sociológicas sobre la Cumbia Villera. Lectura del Drama Social Urbano. Conicet, Convergencia, núm. 38, mayo-agosto, UAEM, México Revista Argentina de Sociología, edición especial, Argentina.
Di Leo, Pablo, “El culto a Gilda: religiosidad, arte e instituciones populares”.
Duschatsky, Sivia y Corea Cristina: Chicos en Banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones, Paidos, Bs.As.2004
Elbaum, Jorge Norberto: “Los bailanteros. La fiesta urbana de la cultura popular” en La Cultura de la noche. La vida nocturna de los jóvenes en Bs.As. comp. Mario Margulis. Bs. As. Biblos, 2005.
García Canclini, Néstor, Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización., México, Grijalbo, 1995
Gobello, José y Marcelo H. Oliveri: Tangueces y lunfardismos de la cumbia villera Bs. As.: Corregidor, 2002.
Kessler, Gabriel, Sociología del delito amateur, Paidos, Bs.As.2004)
Lassig, Adriana: Análisis social de la cumbia villera y su poder de persuasión. Publicado en http://rrppnet.com.ar
Lewin, Hugo D.: “Siga el baile: el fenómeno social de la bailanta” en La Cultura de la noche. La vida nocturna de los jóvenes en Bs.As. comp. Mario Margulis. Bs. As. Biblos, 2005.
Llobril, Gabriela y Ormaechea, Maria Fernanda: “Del Tango a la Cumbia Villera. La Historia en Círculo”. Actas del Cuarto Congreso RedCom Cordoba 2002.
Palomino, Héctor (2003), Pobreza y desempleo en la Argentina. Problemática de una nueva configuración social, Buenos Aires: Facultad de Ciencias Económicas (UBA).
Puente, Fernando:“Cumbiavillera”,en http: //www.laopiniondelagente.com.ar
Reguillo Cruz, Rossana: Emergencia de culturas juveniles, estrategias del desencanto. Norma, Bogotá, 2000
Rodríguez, Esteban(2005): “Cumbia villera: ocho apuestas sobre la Argentina que re-siente” en Estética Cruda.

viernes, 2 de abril de 2010

El power point como recurso didáctico

Carlos A. Tolosa

Elaborar power point, tanto en el nivel secundario como en el terciario, es un recurso muy útil para trabajar con la imagen, a la vez que implica, entre otras cosas, la necesidad de investigar temas puntuales, rastreo y vínculo con imágenes, elaborar síntesis, reconocer fuentes y el uso del software.
En principio quisiera advertir de que hay muchos mitos en relación al uso de la tecnología en la escuela, uno de ellos es suponer que la escuela tiene que tener internet, otro puede ser el clásico “no hay apoyo de los directivos”, también se da por seguro que la informática tiene una dimensión curricular, es decir, sólo la utilizan quienes dictan materias afines Yo creo, que esto último, es “escolarizar” los dispositivos. Me parece que para poder utilizarlos abiertamente no hay que pensarlos desde el curriculum, sino como dispositivos que la escuela tiene la posibilidad de transformarlos en medios.
En este punto los “mitos obstáculos” se diluyen. El vínculo con los alumnos es mediante correo electrónico o creando un blog de la materia.
A continuación comparto cuatro trabajos. Los mismos no son “originales”, quiero decir, que para poder subirlos a este blog tuve que rehacer “incrustar sonido”, ya que el Slideshare no toma el sonido del archivo pps (power point). Para esto, primero lo subí a Slideshare y luego incrusté sonido.



















lunes, 22 de febrero de 2010

Proyecto el SIDA y yo

Carlos A. Tolosa

En esta sección quiero compartir los resultados de un proyecto realizado en 1er año 5ta dvisión de Polimodal (2008), en la Escuela Media 24 de La Matanza, Buenos Aires.
La Lic. Adriana Sernada estaba a cargo del Espacio Curricular Salud y Adolescencia, yo me desempeñaba en el E.C. Derechos Humanos y compartíamos el mismo grupo.
Ambos trabajamos el mismo tema, el SIDA. La idea fue que los alumnos puedan generar productos publicitarios relativos a la prevención del SIDA.
En principio abordamos el tema con información e imágenes (no publicitarias), tendientes a la reflexión y a vincularlo con la cotidianeidad del alumno. Luego trabajaron en la definición del mensaje que querían dar. Posteriormente diseñaron la publicidad con lápiz pensando en posibles tomas fotográficas.
Posteriormente tomaron las fotos. Se revelaron. Las recortaron para el armado del diseño. Otros hicieron nuevas tomas. Luego, la idea del collage, fue reconstruída con recursos digitales (photoshop) y es como finalmente quedaron.
Finalmente se imprimieron y se realizó una muestra fotográfica de Derechos Humanos, cuyo tema fue "El SIDA y yo".
Algunos links para seguir pensando la imagen en el aula

El lenguaje de las imágenes y la escuela: ¿Es posible enseñar y aprender a mirar?
Ana Abramovsky
La escuela y las nuevas alfabetizaciones. Lenguajes en plural
Educar la mirada
Carlos Skliar











































domingo, 21 de febrero de 2010

Entre el papiro y la notebook

Carlos A. Tolosa




Entre lo viejo y lo nuevo, lo que cambia y lo que persiste


Transformaciones, poder y educación
Cuando leo la idea de que los cambios actuales son parte de una ruptura radical o bien que forman parte de un cambio progresivo, es decir, de cada cambio nada queda de lo anterior y lo nuevo es totalmente inédito o si hay algo que permanece, porque deviene de lo anterior y así sucesivamente, en principio sitúo a estos cambios como transformaciones, culturales, científicas y tecnológicas. En ellos, por un lado hay permanencia en los cambios porque el conocimiento científico es sistemático, las teorías tienden a construir una totalidad en constante reordenamiento. Y por el otro de estos mismos cambios surgen recursos tecnológicos que a la vez permiten una investigación mayor que promueve nuevos conocimientos.
Luego, desde el punto de vista socio-cultural también se observan aspectos que permanecen frente a las transformaciones, algunos desde resistencias, muy pronunciadas (como en la escuela, una de las instituciones más importantes cuya función principal es la transmisión del conocimiento).
Si tomamos los últimos 50 o 60 años creo que el centro de las transformaciones estuvo en la producción y en los modos de circulación del conocimiento, que derivaron en la hegemonía de la informática. Esto se da en un contexto cultural en pleno cambio y a mediados de siglo XX en sus momentos más decisivos. La posmodernidad “designa el estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a las reglas de juego de la ciencia, de la literatura y de las artes a partir del siglo XIX”[1].
Es así como los cambios de valores culturales, las innovadoras producciones científicas y tecnológicas, son parte de la crisis que implica la desconfianza o la duda, motivo del filosofar que legitima los nuevos saberes.
Desde el punto de vista de la conducta hay algo que históricamente se repite frente a los grandes cambios. En principio se duda y se combate a los conocimientos y tecnologías renovadoras, y posteriormente se las adopta en el ejercicio del poder político y económico. Pasó con la escritura, el libro, el cine, entre otros. Doy algunos ejemplos.
La escritura, hoy una tecnología tradicional, también ha pasado por el descrédito en su momento, por ejemplo, Sócrates nunca escribió. Platón[2] en Fedro o de la belleza transcribe la idea de Sócrates acerca de la escritura. Éste plantea que la escritura producirá olvido porque descuida a la memoria ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. Agrega que la escritura es apariencia de sabiduría. Genera ignorantes, sabios aparentes en lugar de sabios de verdad.
Luego, a partir de los dos primeros siglos después de Cristo y consolidándose luego del Concilio de Nicea lo escrito tuvo el poder de la verdad y a la vez fue la base para el ordenamiento político-religioso. Posteriormente, durante la Edad Media el libro manuscrito tenía el poder de la compilación de escrituras sagradas y por lo tanto ese poder era del grupo social que lo poseía y de quienes tenían acceso a éstos y la posibilidad de leerlo. En la novela “El Nombre de la Rosa”, Umberto Eco plantea la idea del poder del conocimiento inscripto en los libros, la gran dificultad para llegar a los mismos, mediante oscuros y complejos laberintos y la sanción a quién lee lo que no corresponde, a través de la muerte.
Posteriormente, a partir de la Reforma Luterana y con la invención de la imprenta tipográfica, la posibilidad de lectura fue mucho mayor. Tal como lo dice Nicolás Nóbile[3], a partir de esta nueva tecnología (la imprenta), ocurrieron, “profundas transformaciones en los procesos de producción, circulación e institucionalización de la palabra escrita”.
Así el proyecto del Iluminismo del Siglo XVIII se plasmó desde los textos a partir del libro, como tecnología soporte de la escritura. Los libros eran portadores de estas ideas, que había que saber, aprender y actuar. Así promovieron un nuevo orden social.
Nuevamente aquí aparece la relación entre la tecnología y el poder. Por ejemplo, los primeros derechos humanos escritos, fueron derechos civiles. Derechos de unos pocos. De la élite.
Otras formas de atacar las propuestas culturales, sociales y políticas que tienden a la transformación, en relación a la creación y difusión del conocimiento fueron: la quema en la hoguera a Giordano Bruno en el año 1600, por escribir y publicar ideas que la Iglesia creía ofensivas y peligrosas. También, en el año 1925 la detención del profesor John Thomas Scopes, de 24 años, por enseñar la teoría de la evolución de Darwin en el secundario de Dayton, Tennessee.
Durante el siglo XX tanto el cine, como la radio y la televisión, en la medida en que fueron apareciendo y vinculándose con la sociedad no escaparon a esta idea de desconfianza y uso desde el poder.
Alejandro Álvarez Gallego hace un recorrido histórico de la relación entre estas nuevas tecnologías, la sociedad, la escuela y el poder[4]. En Colombia (1912) El cine fue acusado de corromper, de enseñar a robar con las películas del oeste norteamericano o las películas de bandas motorizadas. Todas relacionadas con delincuencia y asesinatos. Luego hacia la década del ´30, agrega más adelante Álvarez Gallego, el cine se utilizó como recurso didáctico, para la instrucción de pueblos lejanos a las grandes ciudades. Se daban cursos de higiene elemental, nociones de agricultura, arte, geografía, historia. En Colombia las llamaron “escuelas ambulantes”. Paralelamente el temor de la iglesia (Pio XII) lo tomó como un potente medio al afirmar que si bien era de gran utilidad para la instrucción y educación también incentivaba a las malas pasiones, a la vez que no permitía discernir entre la virtud y el vicio.
El cine, la radio y la prensa constituyeron un recurso poderoso de transmisión, por lo tanto los gobiernos lo utilizaron indiscriminadamente para difundir ideología y actos de gobierno.
Con la radio se observa un proceso diferente. Es creada por el poder y luego es criticada y reutilizada con fines políticos. Respecto de la radio, dice Álvarez Gallego que fue un fenómeno ligado al desarrollo industrial y una tecnología creada con fines militares. También contribuyó a combatir el analfabetismo en Latinoamérica. Infiere que “esto quiere decir que se quería extender la escuela, pero al tiempo se estaba generalizando un medio que la obviaba”. Así los radioperiódicos y las radionovelas fueron géneros que cautivaron tanto como también se afianzaron deportes de masa como el fútbol. Sin perder de vista que el proceso de industrialización estaba demandando crear un público consumidor, un público de masa, la radio cumple un rol importante tanto en lo económico como en lo educativo.
Nuevamente aparece la idea del poder a partir del uso de la tecnología. El poder económico que respondía a la macroeconomía y el poder político con gobiernos populistas que veían, en la radio, una tecnología que podía disputarle el control ideológico y cultural que pretendían tener sobre la población.
Pronto, quienes se resistían a los cambios, atacan a la radio en nombre de la protección de la infancia de la influencia de un nuevo sistema de valores, de la nueva cultura de masas que hace referencia a nuevos hábitos, una nueva postura estética y estética. Se hablaba de diferenciar la radio de la escuela y contrariamente también había quienes la proponían como un recurso didáctico.
Explica Ávarez Gallego, que a partir de la televisión la radio fue cambiando ya que aquella tomó su estructura y le agregó imágenes. A partir de esto y con la experiencia anterior las primeras dos décadas la televisión asumió un carácter más recreativo y fundamentalmente educativo. Fue una estrategia mundial que llamaron Escuela Abierta o Educación Permanente, pensada como alternativa para transformar los sistemas educativos. El optimismo depositado en esta nueva tecnología hizo que algunas multinacionales invirtieran en la educación satelital, pensando en una educación universal al alcance de todos. Inmediatamente aparece el temor por el contenido de las transmisiones sin orientación, producción ni control de los Estados Nacionales. Luego, a fines de la década del sesenta, la crítica a la televisión estuvo orientada hacia abusos y atentados contra la moral, los hábitos y las culturas locales. Ya a esta altura la televisión no era la de las dos primeras décadas de su creación. El eje no era la educación sino básicamente el comercio.
Desde esta perspectiva surge la revolución de internet, la telefonía celular, las consolas de juegos, etc. como tecnologías potentes y poderosas.
Se trata de tecnologías que se introducen y modifican los modos de vida. Se observa incluso la necesidad de su manejo básico o especializado para la mayoría de los empleos. Por ejemplo un camión recolector de basura tiene, en sus comandos, principios de computación que los choferes deben conocer. Los mecánicos de automóviles necesitaron especializarse e incorporar a las computadoras en sus talleres, constituyéndose en una herramienta más, desde alinear y balancear ruedas hasta testear circuitos computarizados. Los cerrajeros y electricistas están en la misma situación, para poder replicar y reemplazar llaves con chips, instalar alarmas, cámaras de seguridad, centralización de cerraduras, etc. Se necesita saber de computación y contar con este recurso.
El eje de estos cambios, claramente es un eje que obedece a la macroeconomía. Son aliados del poder capitalista.
La tecnología posibilita una cosmovisión diferente. Un modo diferente de comprender, y habitar el mundo. Respecto de estos cambios sociales, Eliseo Verón[5] reconoce una mutación cognitiva que permite a los jóvenes escuchar música, mirar TV y estudiar. Piensa esto como cambio de trayectorias cerebrales o como activaciones de sistemas paralelos. Además observa un quiebre entre las generaciones que se han socializado con la digitación (los nativos) y los que no (los extranjeros), los que adoptamos a la tecnología pero que no crecimos con ella. Agrega que desde el ámbito intelectual, a partir de la década del ´60, se inaugura la semiótica visual, que implica, entre otras cuestiones, el análisis de la televisión en géneros como la videopolítica, el melodrama, el análisis de las publicidades que tiende a intentar comprender y explicar cambios culturales.


La escuela frente a los cambios
La idea de que todo se diluye pronto, que todo pasa a ser historia con cierta inmediatez, es sinónimo de que lo que se adquiere hoy al año siguiente “ya fue”, como dicen los adolescentes. Tiene un “envejecimiento social”, de ahí que el recambio de los recursos tecnológicos es una manera de estar “vigente”, un modo de “existir” que a la vez responde a una la lógica consumista y hedonista. Aspectos de la posmodernidad como expresión cultural y del neoliberalismo como centro de la economía.
Entonces estamos transitando por cambios permanentes. Cuando hablamos del cine, la radio o la televisión, podemos hacerlo en término de cambios que se produjeron en un momento determinado y con una permanencia tal que continúan vigentes. Con la llegada de las nuevas tecnologías no podemos hablar de un cambio en particular, sino que se trata de una suma de cambios que se van produciendo, no sólo en el ámbito de la producción sino también en el uso. Si bien es posible precisar la aparición y la “muerte” de algunos dispositivos como el cassette, el diskette, el walkman y sus variantes, todos ellos son parte de un cambio permanente, de algo que parece ya no se detiene.
Y aquí, cuando reviso el rol de la escuela, que surge como producto de cambios tecnológicos y sociales, veo cómo y cuánto le cuesta reposicionarse en estas nuevas formas de comunicarse. Los adolescentes participan de redes sociales virtuales, tienen una “vida on line” y conocen del manejo de la tecnología que les permite navegar por el ciberespacio en la dimensión virtual. Sin embargo a la escuela le cuesta encontrar modos de intervención entre el conocimiento y los jóvenes. Yo no creo que deba redefinir su rol. Me parece que está claro que la escuela debe enseñar a pensar, valiéndose para esto de la información de las disciplinas y estrategias didácticas democráticas. Claro que enseñar a pensar no es imponer ni negar una u otra cultura.
No se trata de negar los cambios que la escuela sí ha implementado; de hecho ella misma es producto de un cambio de paradigma. Dice Carlos Cullen[6] que está claro que ya no es más “el templo del saber”, que su enseñanza no tiene como objetivo la “normalización del saber” y que el aprendizaje ya no gira en torno a las “disciplinas en la apropiación del saber”. De todas maneras si se hace una revisión de las tendencias pedagógicas, podría decirse que en las aulas siguen estando presentes rasgos de cada una de ellas. Y que las aulas no escapan a las dudas y las crisis. Que no está definida, como sí en épocas anteriores, una tendencia clara, producto de los rasgos mencionados y de la conformación de nuevas miradas que no terminan por configurar una tendencia.
Lo que es innegable es que las transformaciones tecnológicas impactan en los jóvenes y consecuentemente en las escuelas. Se manifiestan de distintas maneras, (tal como lo explica Gustavo Efron[7]), según las diferencia de clases sociales. Relacionados, estos modos de participar en el mundo tecnológico, con el poder adquisitivo y con los estilos y modelos de vida que tienen como modelo cultural.
Voy a hacer referencia a escuelas que están insertas en contextos complejos.
Por un lado están los alumnos y su vínculo con las tecnologías y por otro el profesor, el alumno, y la tecnología en la escuela. Lo que observo es el uso de los dispositivos (celulares, mp3, mp4) predominando la reproducción de música como un elemento distracción, “escape” o desafío permanente a las normas y sobre todo a las posibilidades de un desarrollo curricular organizado. Sitúo esto como un vínculo áulico con la tecnología y lo diferenciaría del vínculo escolar o escolarizado de las tecnologías nuevas y los jóvenes.
En este sentido veo un uso restringido de las tecnologías, que dependen casi exclusivamente del curriculum prescripto. Se utiliza en la especialidad de economía y gestión para el manejo de software relativo a la administración de empresas, en la orientación en arte el uso de Corel y Photoshop, en espacios curriculares institucionales para producir revistas entre otras y naturalmente en las materias específicas. Noto un uso exclusivamente curricular de la tecnología.
Pienso en un cruzamiento, entre el uso del celular, la TV, internet (redes sociales, blogs, youtube, etc), el cine, los dvd y la cotidianeidad del alumno atravesada por la tecnología y sus narrativas, con el resto de los espacios curriculares. Se trata de una mirada pedagógica que incluso habilite la conversión de algunos dispositivos en medios, considerando que la escuela es la única institución que podrá ofrecerle esta posibilidad. Esto es algo a lo que la escuela no puede renunciar, dado que entiendo que su rol es de reproducción pero también de producción de nuevas relaciones, interpretaciones que permitan que el alumno comprenda su realidad para luego intervenir en ella, posicionándose como un ciudadano activo. Esto será difícil en la medida en que la escuela no se vincule, respete, valore y habilite la presencia de la cultura del alumno. Hablo de interpretar el desarrollo curricular como un proyecto cultural y didáctico. Desde esta línea de pensamiento es importante reconocer el modo en que los adolescentes se vinculan con la tecnología y qué representan para ellos.
El celular, la televisión, internet, los mp4/5, programas de edición de multimedia y las posibilidades que cada uno de estos recursos ofrecen en términos de relación con el mundo, son muy potentes.
Diego Levis[8] plantea que la producción y el consumo de imágenes constituye una de las principales actividades económicas y socioculturales y que las pantallas ocupan un lugar fundamental en nuestras vidas y les damos un carácter casi mágico, que en muchas prácticas reemplaza a las relaciones empíricas. “En muchos casos, la representación visual de un hecho, de un objeto o de una persona tiene más relevancia que la persona, el objeto, el hecho mismo al cual representa”.
Como se ve el tratamiento de la imagen excede al abordaje “ingenuo” de la imagen como ilustración y subsidiaria del texto. La imagen tiene tal presencia e importancia que la escuela no puede dejar de abordarla y junto con ella a los distintos dispositivos que permiten su proyección y producción.
Pero esto implica varias acciones de parte de los docentes. En primer término poder investigar acerca de la naturaleza y las características de las transformaciones actuales y cómo se vinculan y trastocan los estilos de vida. Luego poder operar con los recursos tecnológicos y finalmente ver de qué manera incluirlos, desde la especialidad de su disciplina, como un recurso didáctico.
Los medios de comunicación siempre estuvieron vinculados a la escuela. Hay, en esta relación momentos o miradas optimistas y descalificadoras. Cuando me refiero a las transformaciones me refiero a que hay un escenario cultural, dominado por corporaciones trasnacionales y grupos multimedia. En éste marco la escuela cae en un descrédito social. Es acosada, enjuiciada. Nuestro sistema educativo “reformado” en sus aspectos formales. En las prácticas áulicas el docente resiste como puede. Se pone en evidencia “…una crisis de identidad cultural de la escuela ante un mundo transformado”[9], porque los medios y las nuevas tecnologías imponen nuevos códigos culturales.
Todo esto agravado por una reforma educativa compulsiva que nos alejó un poco más del intento de revisar nuestra estructura. Finalmente creo que las nuevas tecnologías, lejos de representar una dificultad para el docente, pueden ser tomadas por la escuela y transformadas en un punto de acercamiento a los alumnos.


[1] LYOTARD, Jean-François. La condición postmoderna”. Editorial REI, Argentina. 1995
[2] http://www.filosofia.org/cla/pla/azc02261.htm
[3] Clase 19: Transformaciones de la escritura en la era digital. Diplomatura en Educación y Medios. FLACSO. 2009

[4] Clase 17. “Los medios de comunicación interrogan a la escuela”. Diplomatura en Educación y Medios FLACSO. 2009

[5] Clase 12. “Cultura audiovisual, medio y televisión. Conversación entre Eliseo Verón y Luis Alberto Quevedo. Diplomatura en Educación y Medios FLACSO. 2009

[6] CULLEN, Carlos. “Críticas a las razones de educar”. Editorial Paidós. Buenos Aires. 1997
[7] Clase 23. “Jóvenes: entre las culturas cibernéticas y las culturas letradas”. Diplomatura en Educación y Medios FLACSO. 2009
[8] Clase 18. “Pantallas ubicuas: Televisores, computadoras”. Diplomatura en Educación y Medios FLACSO. 2009
[9] CARLI, Sandra. “Estudios sobre comunicación, educación y cultura. Una mirada a las transformaciones recientes de la Argentina”. Editorial Stellaa. La Crujía Ediciones. Bs As. 2003

miércoles, 17 de febrero de 2010

Educar la mirada

Entrevista a Carlos Skliar




Educar la mirada puede sonar, entre otras cosas, a una indicación de que cosas mirar o de cómo interpretar lo que miro. ¿Qué es educar la mirada, qué relación tiene con otros lenguajes que intervienen en la educación?

Es cierto que varios estudiosos han venido dándole vuelta a esa expresión “Educar la mirada” y que hay más de una controversia en ese sentido. En principio yo trataría de evitar una definición formal y normativa y propondría empezar a trabajar con cuatro o cinco posibilidades al mismo tiempo. No sólo para prevenir los recambios de eufemismos a los cuales, generalmente, estamos habituados en la educación (es decir, esa creencia que consiste en transferir la educación de la palabra a la educación de la mirada pero con el mismo dispositivo), sino también, justamente, para tratar de no darle un carácter moral a la definición, sustraerla de cierta sospecha de imperativo.
De ahí que digo que se han pensado de modos muy distintos el sentido de “Educar la mirada”. La forma más básica, que yo contesto, supone inmediatamente la coexistencia de un doble control; no solo el control educativo tradicional implicado en el término “educar” (el de los individuos, el de las poblaciones, el de los países) sino también el control sobre la mirada de los otros, el control sobre cómo habría que mirar, qué habría que mirar, dónde habría que mirar, etc. En una época donde todo se ha vuelto visible o posible de ser visto, quizá lo visual sea incontrolable, indescifrable, a la vez que cotidiano y familiar. Hay tanto un exceso y saturación frente a la imagen como una sensación de anorexia visual: frente a la pluralidad y multiplicidad de imágenes estamos debilitados para poder ver, para poder entender y para poder producir algo con los efectos de lo apenas visto. Por eso nos hemos vuelto depositarios de lo que se ve pero no tenemos participación ninguna en la construcción de las imágenes.
Pero “Educar la mirada” no puede ser sólo pensado como el aporte que le dan las imágenes a la pedagogía. Más bien creo que se trata de multiplicar las formas de mirar, de multiplicar las posibilidades de mirar todo aquello que las imágenes producen. No se trataría tanto de pensar con qué imágenes trabajo, qué imágenes acompañan contenidos o qué imágenes deberían ser presentadas, sino de las formas de mirar, de los modos en que al mirar esas imágenes producimos algún tipo de sensibilidad, memoria y pensamiento.
Todavía hay mucho para pensar acerca de la relación entre pedagogía e imagen. Es cierto que ese cruzamiento, esa intersección es inexorable; pero también es verdad que aún hay que pensar mucho acerca de si estamos frente a un viraje visual, así como en los umbrales del siglo pasado estábamos frente a un viraje lingüístico. Digo esto porque hoy estamos frente a sujetos atravesados fundamentalmente por la imagen y no por la palabra, lo que crea, entre otras cosas, una encrucijada educativa.
De todos modos, mi posición está claramente ligada al entendimiento de la educación como donación, como un ofrecimiento. Eso quiere decir que interpreto “educar la mirada” no tanto como el efecto que provocan las imágenes (tanto fijas como en movimiento) sino como el efecto que provocan las miradas en el acto de educar. Sabemos que hay miradas que ven borrosamente, que manchan y miradas asesinas, que matan. Por eso insisto tanto en trabajar sobre las miradas que posibilitan, que acompañan, que ayudan, que donan un tiempo y un espacio al otro. Miradas, en síntesis que por un lado no permiten la existencia de otro y miradas que abren esa posibilidad. Demás está decir que hay miradas que impiden, que estorban, que prohiben, que niegan, que hielan. “Educar la mirada” también es un ejercicio de repensar y reelaborar cómo miramos a quien miramos. Y aquí deberíamos, quizá, volver sobre ciertos abordajes moralistas y moralizantes de la imagen: se insiste demasiado en hablar sobre la imagen, sobre si una imagen es correcta o incorrecta, buena o mala, si hay límites en lo que se da a ver, cuando en realidad lo que deberíamos pensar es en una relación estética.
Hoy asistimos a toda una incapacidad de mirarnos en educación. Hasta hace poco pensaba que la incapacidad estaba centrada en la dificultad por conversar, pero ahora creo que hay algo anterior, algo definitivamente ausente: el encuentro de miradas. Esto es particularmente álgido con los jóvenes, porque cuando las diferentes generaciones están juntas en los escenarios educativos, se miran con desidia, con desconfianza, con desprecio, con recelo, o no se miran. Como si fuera posible enseñar, en su sentido clásico de transmisión, ignorando la mirada del otro, descartándola, desahuciándola.
Me gusta mucho algo que el poeta Alberto Caeiro sugirió en un breve texto: la oposición entre mirar por primera vez y conocer. Como si el hecho de conocer impidiera la posibilidad de mirar algo por vez primera. Como si conocer fuera negarse a ver. Como si conocer fuera dejarse de sorprender, abandonar la afección que nos provoca lo mirado. Para mí, “educar la mirada” tiene que ver también con educar para recuperar una mirada quizá infantil, quizá ingenua, pero para nada primitiva: una mirada de sorpresa, de implicación, de envolvimiento con lo visto.
Por eso creo que la pedagogía debería ser un modo de sorpresa y no una habituación, la renovación de lo sensible, lo estético, un alerta hacia las miradas que desprecian, subestiman y denigran a los demás. En relación directa con la imagen esto quiere decir que hay que recuperar la posibilidad de ser afectados por lo visto, eludiendo desde ya las posiciones benéficas o salvacionistas o populistas. Si vemos todos los días imágenes horrorosas de las guerras y ya todo da igual, quiere decir que no incomodan, que no perturban, que no te quitan de tu hábito; allí la educación tiene una tarea puntual: recuperar la afectación por el dolor de los demás, posicionarse frente a lo indigno y producir miradas renovadoras. No es poca cosa ¿verdad? Hay que ofrecer otros modos de mirar la pobreza, otros modos de mirar lo femenino y lo masculino, otros modos de mirar la infancia, otros modos de mirar la violencia. Por lo menos hay que quitarse de la literalidad de la imagen, renunciar a la simplicidad y poder instalarse en ese sitio un tanto incómodo que es el de la ambigüedad de la imagen y la ambigüedad de la mirada.


¿Como ves, en este contexto que planteás, la relación entre la mirada y lo mirado?

La mirada produce intensos efectos sobre lo mirado. Hoy es habitual el fenómeno de una mirada de cercenamiento, de prohibición, de burla, de empequeñecimiento. Las imágenes están contribuyendo de modo decisivo a configurar una mirada de rechazo a la diferencia. Y la mirada tiene mucho que ver con algo que yo he llamado “diferencialismo”, es decir, la producción de sujetos diferentes a partir de la atribución de rasgos de anormalidad, extranjeridad, alteridad negativa, etc. Veamos la paradoja: mientras más frecuentes se vuelven los lenguajes de la aceptación, el reconocimiento, el derecho a la diferencia, más sujetos indiferentes existen. Tomemos como ejemplo el caso de los inmigrantes “ilegales” en Europa. Hay una fotografía ejemplar en este sentido: se trata de una playa del sur de España donde dos turistas blancos toman alegremente sol, mientras a su lado hay dos cuerpos negros muertos por ahogo y tapados con una toalla multicolor. La mirada de los bañistas esquiva los cuerpos yacientes. Como si no existieran, como si a pesar de la tragedia, lo importante es seguir tomando el sol. Allí es la mirada la que está esquiva, la que asesina, no el aparato jurídico. Probablemente quienes tomaban sol estuvieran comentado “qué cosa éste mundo”, “hay que ver cómo están las cosas”, “qué terrible la vida de esta gente”. Pero su mirada era de otro tipo, indiferente, alejada, ausente. Por eso creo que la relación entre la mirada y lo mirado es una relación ética y no jurídica, es decir, es una relación planteada en términos de cómo nos miramos y cómo, al mirarnos, producimos efectos políticos, sociales, culturales y, por cierto, educativos.
Todos los diferencialismos son el producto de ver y dejar de ver: diferencialismo quiere decir, ya se sabe, sexismo, racismo, infantilización, etc., y aún cuando se insiste mucho en los dogmas mediáticos, las ideologías y las literaturas que lo sustentan, creo yo que hay algo de la mirada que lo posibilita: ¿cómo miro al extranjero? ¿Cómo miro al miserable? ¿Cómo miro al drogadicto?
Así es que retornamos a una cuestión anterior: las miradas que manchan y las miradas que matan. Mirar de esa manera significa expulsar al otro, no apenas rechazarlo, sino quitarlo de tu campo visual. Ese ensañamiento es productor de políticas excluyentes, a no dudarlo. Tal vez por eso mismo es que digo que hay miradas que salvan, no en el sentido religioso de la palabra, sino en su carácter ético.


Pero entonces ¿Qué es la mirada?

Si lo que hay ante una imagen es exposición, la mirada es claramente una posición, un punto de partida, una dimensión inaugural, posee un valor de principio: revela la posición de quién mira, desde dónde mira, qué altura se atribuye al mirar, en cuál posición deja o ubica a quien es mirado. No se trata tanto de mencionar su dispositivo biológico ni el aparataje cultural que lo gobierna, sino los modos de posicionarse al mirar y al mirarse. En educación el tema de la posición es prioritario, porque se mira desde una superioridad aparente, desde una jerarquía moral, y quien enseña parte de esa posición y no parece que desea abandonar ese privilegio de su mirada.
Hay cientos de explicaciones acerca de cómo se construye la mirada pedagógica y quizá sea necesario hacer mención a la tradición de entender la formación y el saber como posición de desigualdad (desigualdad de saberes, de edades, de experiencias, de funciones). Si bien la mirada ofrece una dualidad compuesta por focos y por bordes poco explorados, sabemos que en las instituciones educativas se toman decisiones a diario producto de la naturalización de la mirada. Más allá del lenguaje técnico y especializado, más allá de los legajos e historiales, más allá de las evaluaciones y diagnósticos, incluso más allá de las relaciones puntuales al interior de las aulas, notamos que ciertas decisiones acerca de quien podrá o no podrá aprender, quien podrá o no podrá incluirse, quien podrá o no podrá “tener” futuro, dependen mucho más de un juego (muy serio, muy grave) de miradas. Miradas que tienen que ver con el poder, es cierto, pero también con la posición desde la que parten, del lugar donde se forman y de los sujetos a los que van destinadas.
Creo que la formación docente también tiene que ver con ese “educar la mirada”: cómo mirar a la infancia, cómo mirar a los pares, cómo mirar las familias, cómo mirar los ambientes, cómo mirar el saber, cómo mirar, en fin, los sentidos probables del acto de educar.


Finalmente, si pudieras sintetizar tu posición, desde algunas categorías de análisis ¿Cómo agruparías estas ideas?

Me parece, entonces, que está claro que hay cuatro categorías de análisis implicadas en la expresión “educar la mirada”: la primera emparentada con el doble control (educativo y visual); la segunda relacionada más con cierta subestimación del lenguaje y un exceso de valoración de la imagen, esto es, una suerte de auge y apreciación excesiva de la imagen por sobre la palabra; la tercera que, como expresé, tiene más que ver con la posición de la mirada y los efectos que de allí se derivan; y una cuarta, que no hemos explorado aún pero que me parece interesante, porque tiene que ver con aquello que no se ha mirado todavía, es decir, trabajar a partir de lo que supone que otros no han visto y deberían ver, deberían tener la posibilidad de ver y que remite a una cierta tradición pedagógica digamos “reparadora” o bien “compensatoria”.
De todos modos el “mundo” le ha puesto las cosas muy difíciles a la educación ¿verdad? ¿Cómo trabajar estas cuestiones si, por otro lado, se insiste en cierto tipo de imágenes y de miradas convencionales, autoritarias y superfluas?
Quizá, quitándome de toda grandilocuencia de lo que significa cambiar en la educación y cambiar a la educación, me parece que debemos recuperar algunos gestos mínimos como condición para educar a alguien. Gestos (y creo que la mirada también es un gesto) que ayuden a la existencia del otro, a su afirmación, a su vitalidad, a su porvenir. Gestos, como la mirada, que son decisorios a la hora de intentar hacer algo con lo que se es.

Publicada en Revista “Sin puntero”. Director: Sergio Kipersain. Editor: Carlos A. Tolosa. Nro 3. Julio de 2009